IV

Pocas cosas hoy en día hacen más daño a la mujer que la palabra "sexy". Es un término que envenena, limita y poco a poco te va quitando valor y va acabando con tu autoestima.

La sociedad nos ha dado a entender que lo máximo a lo que podemos aspirar como mujeres es a eso, a ser sexys, porque si eres deseada has triunfado. He vivido en ambos lados, he sido la chica que a nadie le gusta, la chica fea, la buena amiga, y también he sido la chica a la cual los hombres desean.



Mi primer novio lo tuve a los 17 años, algo tarde, según lo que se acostumbra aquí en mi país Colombia, no sé cómo funcione en el resto del mundo. En el colegio yo usaba gafas, y aún las uso, pero no estaban de moda;  usaba la falda del uniforme a la altura reglamentaria, no me maquillaba y no era delgada, por lo tanto las chicas populares habían declarado que no era bonita, y el que pensara lo contrario estaba loco, a pesar de que mis facciones tienen gracia, y yo me gustaba a mí misma en el fondo.

Estaba convencida de mi fealdad cuando entré a la universidad, a pesar de que justo antes de graduarme del colegio ya tenía por fin un novio que me amó tal como era, por todo lo que a los demás no les importaba ver. Me encontré con que en la universidad los chicos si me buscaban y cambié, mi confianza se disparó y resultó que un día mi primera relación terminó, pero parecía que yo podía conseguir al hombre que me propusiera.

Volvemos con nuestra historia: Arcángel no estaba, pero había fila, ya tenía en mente varias personas que querrían salir conmigo inmediatamente, y que también querrían hacer ciertas cosas. Este chico con el que salí la semana siguiente me había expresado por chat todo lo que quería hacerme, que me deseaba, que yo era sexy, que estaba seguro de que podía hacerme sentir muy bien en la cama. Que mis labios, que mis ojos, que mis otras cosas...

Y sí, salí con él y no me importaba, era genial que alguien me deseara, soy tan sexy... Arcángel me deseaba, en principio mis atributos físicos eran lo que le había llamado la atención. Salí con otro chico que me decía lo mismo, contándome lo que es el sexo para él, esperando ver como mi naturaleza tranquila y un poco infantil desaparecía para dejar paso a la fiera sensual y atrevida que suponía había dentro de mí.

¿La hay? ¿Existe tal fiera? Nadie debería saberlo. Espero que no exista jamás. Sabía que ninguno de estos dos chicos me querían para algo serio, todo lo contrario. Pero Arcángel si me había querido, eso creía. A las dos semanas de haber terminado la relación lo llamé a rogarle que considerara volver. 

-"Clem... Es que ya no me gustas, tú no eras tan flaca, además te cortaste el pelo..." 

¿Era eso lo que le importaba? Se había desencantado por mi apariencia, y yo no me había dado cuenta de lo superficial que era hasta ese momento. Es cierto, él me había conocido con más curvas, con el cabello largo y abundante con suaves ondas... Y aquello ya no estaba, entonces, ¿cuál sería mi valor ahora? Aquel par de chicos también me habían reprochado lo del cabello, y aún no se habían dado cuenta de lo de las curvas por la ropa que usaba, pero si les daba lo que querían se iban a dar cuenta, y si aún les gustaba así, eso era lo único que iban a querer de mi: mi cuerpo, no iban a querer escuchar mis historias, mis percepciones, mis reflexiones, ni consolarme en mis tristezas, nada...

Pero yo no quería estar sola conmigo misma así que seguí con el juego una semana más.

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